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El sueño ha sido un tema recurrente tanto en  los cuentos infantiles como en las películas de Hollywood, desde bellas princesas encantadas a dragones dominados, desde brebajes inducidos por las brujas hasta sofisticados elementos conteniendo soporíferos que anulaban la voluntad del enemigo y donde todos los personajes caían  en un sueño profundo.

La mitología lo ha exhibido a través de Hypnos y Morfeo.

La Biblia  relata relaciones incestuosas entre Lot y sus hijas para procurar descendencia. Para esto lo emborrachan y así Lot queda al margen de ser juzgado moralmente pues ni enterado estuvo las dos veces de haber tenido sexo con ellas. Lo insólito es que eso no fue pecado.

Emborrachar para provocar el sueño de ricos viajeros a fin de ser robados por bandidos del bosque es otra cita referente al tema.

El sueño, acompañado del descanso, ha sido el motivo de luchas obreras para conseguir un límite a la explotación en la jornada laboral permitiendo que los trabajadores y trabajadoras pudieran reponerse en sus fuerzas para volver al otro día, compuestos de bríos necesarios para cumplimentar con la tarea.

El sueño ha sido pintado, esculpido, cantado, narrado en la mitología y leyendas de los pueblos y hasta analizado por Freud.

Actualmente los científicos analizan las causas del insomnio o el exceso de sueño. Kilómetros de papel se han empleado en recetas que ordenan el consumo de medicamentos inductores del sueño o que anulen su exceso.

En las sociedades actuales el tema  se ha convertido en un problema al que debe regularse pero donde no se enfoca su  causa, radicado  -la mayoría de las veces-  por el exceso de trabajo, por la falta de trabajo, por la alienación de la vida misma que la dirige a un consumo permanente o a la frustración por no conseguir el objeto deseado, por la falta de oportunidades, por la violencia permanente de un mundo convulsionado, por desamores, por exceso de responsabilidad, por adicciones o por lo que sea.

A medida que crecemos y el sistema nos atrapa en silencio, el descanso y el sueño ya no van juntos.

Estudios y tratamientos al respecto siguen dando paso al consumo de medicamentos buscando soluciones parciales.

Y a medida que envejecemos menos sueño tenemos.

Seguramente la ciencia avanzará con sus píldoras y sus terapias a largo plazo en la necesidad urgente de acomodar nuestros cuerpos en un sopor obligado.

Pero no habrá medicamento que nos ayude a tener sueños como manojo intangible de deseos, de esos que aparecen en la infancia cuando se cierran los ojos y aparecían en nuestra mente inocente árboles que tienen hojas de menta, gnomos que nos regalan caramelos y casitas de chocolate que no se derriten al sol.

Soñar un mundo hecho de turrones con ríos de leche chocolatada donde los niños juegan con ogros que son buenos, bailan con hadas gordas y buenas que viajan en zapallos tirados por ratones, donde se respira aire puro, donde no hay guerras, el tiempo no pasa,  todo es risa y el dinero no existe.

Eso es soñar: tener un sueño que se desee hacer real…

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