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UN CUENTO SOBRE LOS PADRES, LOS HIJOS Y LA VEJEZ.

Cuenta la historia que estaba la familia sentada a la mesa, disfrutando del almuerzo. Al poco rato el niño veía a su padre molestarse porque el abuelo no acertaba el bocado en su boca y la comida se caía inexorablemente sobre su ropa y el piso, ensuciándolo todo. Luego observó cómo el agua se volcaba de su vaso a causa del temblor que tenía en las manos, mojando todo el mantel. Más tarde se sorprendió cuando el abuelo quiso colaborar alcanzando el plato a su nuera para que lo lavara y, falto de reflejos por la edad, se le cayó haciéndolo trizas.

En ese momento el niño fue testigo de la furia de su padre que no cesaba de reprender a su papá por la torpeza que el anciano, obviamente, no podía evitar.

Al finalizar el almuerzo, el abuelo se retiró a un rincón, en silencio, la vista perdida en los recuerdos. Sólo pareció volver a la realidad cuando el nieto le acarició la cabeza, sabiendo lo que significaba que lo reprendieran delante de los demás. El abuelo agradeció el gesto con una sonrisa infinita. Después el niño se dirigió al fondo de la casa donde su padre tenía un pequeño galpón con herramientas. Lo vio trabajar muy dedicado en un disco de madera al que lijaba con todas sus fuerzas.

-¿Qué estás haciendo, papá?

El padre levantó la vista y le explicó:

- Estoy haciendo un plato de madera para tu abuelo que ya está viejo y no deja de romper los de loza.

El niño miró al padre y se fue a jugar al jardín.

Al día siguiente la misma situación volvió a repetirse durante la cena. Al terminarla, el niño se levantó de la mesa, acompañó a su abuelo a dormir y luego se fue al galpón donde estaban las herramientas. Sorprendido por la hora y al ver que el hijo no había regresado ni para ver en la tele su programa favorito, el padre fue hasta el galpón y vio que su hijo estaba lijando un disco de madera, bañado en lágrimas. Se apresuró a preguntarle para asistir al niño en tanta angustia:

- Hijo ¿qué haces lijando ese disco de madera?

- Estoy preparando tu plato para cuando seas viejo, papá.

Adela del Valle López

Rosario, 16/06/2011

 

CONCIENCIA DEL ABUSO Y EL MALTRATO A LA VEJEZ

La ciencia asegura a través de medicamentos y tratamientos específicos la prolongación de la vida y sobre todo la calidad con que se viva la misma. La medicina estética y los laboratorios especializados en belleza producen el sueño de la eterna juventud -al menos en la apariencia externa- borrando arrugas y cicatrices del tiempo, agregando cabello, disimulando imperfecciones. Las terapias alternativas o complementarias a través de infusiones, masajes, alimentación natural, ejercicios mentales y físicos, caminatas y hasta talleres de la memoria, teatro, coros y todo tipo de estimulación mental, colaboran para que los adultos mayores gocen de buena salud en el más amplio sentido de la palabra. De este modo, entonces, se intenta acompañar con eficiencia este tramo de sus vidas.

Este es el gran desafío de la modernidad: lograr ancianos centenarios que vivan felices, estimulados, memoriosos y sonrientes.

Sin embargo, esto ya se tenía hace cientos de años en las comunidades de pueblos originarios donde el placer pasaba por los juegos, las danzas, la provisión de lo necesario para subsistir, la suerte de compartir entre todos lo que es de la comunidad y volcar las experiencias propias en las generaciones más jóvenes, de ahí que se formaban los conocidos Consejos de Ancianos. También en otros continentes los mayores fueron motivo de agasajo y consulta y podríamos citar también que la mayoría de ellos y ellas eran longevos. Pero en estos casos los estímulos estaban en la propia familia o comunidad a la que pertenecían, siendo asistidos por ellos hasta el final de sus días, acompañados de sus costumbres entre las cuales no se encontraban las cremas antiarrugas, determinada indumentaria o la más recomendable compañía de seguros de vida.

O sea que la modernidad intenta conseguir casi "artificialmente" lo que ya existía naturalmente hace miles de años.

Pero lo que seguramente no podrán obtener a pesar de mejorar apariencias es ese valor llamado RESPETO A LA ANCIANIDAD, elemento fundamental en la dignidad de las personas tanto de quien lo recibe como de quien lo otorga.

Por los motivos que fueran, en la actualidad muchos adultos mayores terminan sus días en geriátricos y asilos donde no hay controles suficientes que aseguren un buen pasar para ellos y ellas, transformándose así en un depósito de ancianos maltratados por el personal que no está preparado en geriatría o con dueños a quienes sólo les interesa cobrar la mensualidad que abonan rigurosamente sus familiares o los servicios sociales; ancianos que se encuentran en u deplorable estado de abandono físico, mental y emocional, inducidos al sueño excesivo a través de fármacos, atados a las camas para que no deambulen, anémicos, deshidratados y famélicos, delirantes en muchos casos a causa de la inanición, sucios y olvidados, abandonados a su suerte que no es mucha, como si se tratara de objetos obsoletos y sin valor alguno.

¿En que momento se perdió su dignidad y condición de personas? Porque no hay que olvidar que también fueron jóvenes y fueron padres, madres, tíos, primos, amigos, empleados, patrones, vecinos, gente con sueños, con voz, con proyectos y a quienes en la ancianidad la soledad, la indiferencia, la necesidad de otros, los llevó a esos lugares de desamparo y hastío.

Dice una canción popular argentina: "Para vivir como vive mejor no morir de viejo".

Como vemos, no se trata simplemente de prolongar la vida de los mayores sino de proveerles respeto a su historia personal y a su futuro. Lograrlo es lo difícil porque no se puede dar jamás lo que no se tiene ni lo que no se conoce ni lo que no se aprecia y nos referimos al respeto, al afecto y al tiempo. Aunque si existe la voluntad se puede participar con nuestro aporte y el compromiso de conformar una red sosteniendo el objetivo en el tiempo. Colaborando, tal vez, como vigías atentos de instituciones o personas que tengan ancianos a su cuidado y que sean objeto de malos tratos, incluso de sus propios familiares. O tal vez, regalando un poco de nuestro tiempo para visitarlos con la simple excusa de leerles un cuento, quizás como ellos lo hicieron con sus hijos, sus sobrinos o sus nietos, Y si nada de eso se puede bastará con el buen trato y el respeto que se merecen en esta última etapa de sus vidas, haciéndolo con el afecto con que nos gustaría ser tratados cuando nos llegue ese tiempo donde la marcha se dificulta y los sentidos menguan, ni más ni menos, porque la vejez es una instancia ineludible, una categoría segura y concreta que aparece en los seres humanos cuando se han sorteado otras dificultades. Irreversiblemente seremos viejos y viejas alguna vez, mayormente supeditados a voluntades de otras personas, por eso es importante tomar conciencia ahora que todavía podemos hacer algo.

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